Domingo, medio día.
Vamos a reunión con uno de nuestros business partners.
Qué mejor forma de llegar que en combi (a 5 km por hora, por supuesto). #workaholic #DCCP #DCACreativa

Domingo, medio día.
Vamos a reunión con uno de nuestros business partners.
Qué mejor forma de llegar que en combi (a 5 km por hora, por supuesto). #workaholic #DCCP #DCACreativa

Ciempiés de luz #tapeart #design

Ciempiés de luz #tapeart #design

Tags: tapeart design

Nunca lo he sabido

No son sólo los ratos de charlas sin punto final. No son las ganas de hacer la Revolución aunque sea entre cuatro paredes y tirar el sistema aunque sólo sea el de audio. Hay algo -no sé qué es- que hace de una mujer de ideales tatuados más sensual. No sé si es el polvo en los pantalones, el sudor en la frente o el cabello desordenado de tanto caminar. No sé si es el sabor a cartón de las pancartas en las manos, la voz rasposa tras el rito de protesta.
Quizá son sus brazos que se mueven lo mismo de emoción que de indignación. Podrían ser los árboles que trae sembrados en la mirada cuando habla de amor. Quizá son sus ganas de cambiar el mundo, aunque sea de color entre verano y diciembre. Podrían ser sus ánimos por saber más aunque sea por rebeldía, aunque a veces por ñoñez.
No sé que es. Nunca lo he sabido. Lo que sí sé es que no se despierta igual la mañana siguiente a romper las reglas de la pulcritud con una mujer terrena que con una que no se estará quieta hasta cambiar de sentido la rotación de la Tierra.

Anatomía de un anacronismo

Se enfría el recuerdo,…

En un escritorio oscuro, con los años hechos marcas, se acumulan las tramas. N va dejando aquí sus pendientes, los acomoda con pulcritud rancia, lo ha hecho así durante los años que se han quedado en su sitio. De lado izquierdo a su asiento saca una botella sobria, la ve con su mirada seca, ambigua, igual que mira al caminar. Sirve en un vaso recién traído su mezcal, le echa de nuevo un ojo a la botella – Siempre ha de haber más. –

Alarga la vista a la pared. La foto de sus hijos hace el espacio más tibio, acaso por ese frecuente afecto paterno. Cada vez que la observa es un recuento de comparaciones. Dicen que la respuesta a la crisis crea costumbre, esa idea recae en los instantes de nuestro personaje. ¿Cuántas veces no reconoció en sus hijos aquella indiferencia del que ha olvidado antecedentes? Sin embargo, no era él quien podría engrosar la voz y hablar de grandes y altivos compromisos. Alguna vez el mayor le cuestionó en plena reprenda: que si la libertad, que si los ideales. Lo cierto es que ambos conceptos no significaban lo mismo para padre e hijo. La repetición dejó de nuevo esa huella de costumbre, de irremediable costumbre

N, sin embargo, no podía distraerse de nuevo. A lo pasado, pasado, enterrado, encarcelado y traspapelado. ¿Cuántos terminaron en Lecumberri? No lo supo, las cuentas nunca fueron lo suyo, las deudas, aunque nunca lo ahorcaron, siempre existían, con las tarjetas de crédito nunca estaba organizado. – Las deudas, las cochinas deudas – con su dejo perenne de desilusión retoma sus legajos, acomoda sus ideas, trae de la memoria lejana las pancartas, de la más reciente los textos que ha de revisar.

…trata de vibrar en nuevos vientos,…

Entre los textos que N debe revisar, ha encontrado últimamente varios de su agrado. Sin grandes pretensiones ni poderosos desarrollos, corrigió una serie de cuentos infantiles de afable lectura. –Se presta tanto la infancia para soñar, se viene la juventud con esos sueños, y con intensión de cambiar el mundo… – y sin embargo, tal contemplación no le dejaba un sabor de completitud. Ninguno de sus hijos se involucró, como hizo él, en movimientos significativos, a lo más que el recuerdo le daba era la serie de conciertos masivos. Siempre que podía se acercaba. La sorpresa no dejó de inundarlo cada vez, cuando su recuerdo lo vinculaba a situaciones semejantes en su época. Allá las caminatas despertaban con su euforia la curiosidad; acá se asomaba de uno y otro lado el habituamiento a la soledad.

De lo habitual y sus rumores, sin embargo, no era desconocido. Cuando las calcomanías no le permitían usar su auto, inevitablemente sellaba su rostro con seriedad hacia el Metro. Durante los años y las horas que ha pasado dentro, aprendió que sonreír es un extraño padecimiento entre la cotidiana multitud. Al final del día, más por inercia que por intención, el rostro caído era lo que menos esfuerzo le costaba cargar hasta casa. Se descubría impotente a resaltar con alguna esperanza dentro del ir y venir de los pasajeros.

…deja su nombre en las paredes, se acorta…

De los slogans sólo quedaban ecos detrás de los libreros. Algunos de esos libros de cabecera de juventud se habían vuelto división entre otros. Entre el miedo y la apatía olvidó sus citas, quizá incluso por seguridad calló nombres y frases. ¿Sería que sentó cabeza, como decían allá tiempo atrás sus padres? De eso, poco. Cuando nació el primer hijo, él y su esposa lo que mejor sentaron fue la barriga: Había que conseguir empleo, había que mediar posiciones. N se vio limitado en sus esperanzas, arraigado de golpe a aquello que con ímpetu criticaba. En los años venideros notó la cabalidad de su silencio. Pero nunca se ha convencido de ello.

Ha querido no sonar con el tono que distingue al anciano, aquél de nostalgia por el pasado, donde todo era mejor que ahora. A pesar de acallar tales consideraciones, la cabeza le resulta tambaleante a ese respecto – No cabe duda, en mis tiempos veíamos más futuro, caminábamos a algún sitio pensado – Lo verdaderamente recalcitrante para él, era cierta carga –la misma sobre la que oprimió aquella vez su hijo- de responsabilidad por no poder “cambiar el mundo”, como decía en situaciones que le parecían remediables, pero fuera de su alcance.

…y se desvanece en el segundero.

Lo cierto es que pudiendo comprar otros licores, su mayor convicción seguía siendo el mezcal, un poco “revistiendo de poesía la miseria” que le provoca la inconformidad, otro tanto por ahorrarse unos pesitos. En lo demás se había acostumbrado a ir a los grandes supermercados, comprar ahí a sus Marlboro, dejando el tono contestatario lejos de la cartera, pagando con su tarjeta. Se descubría día a día abstruso, conformado en su ideario de soledad.

De igual forma que en su escritorio, los años se hacían marcar en su rostro. No trágico ya, sino inmune a los estallidos repentinos de protestas. Se terminaba de habituar a los fines de semana en el centro comercial, recorriendo con los nietos, observando aquello que en ocasiones no entiende, guarda un silencio precoz, murmurando para sus adentros – en mis tiempos, otra cosa era, dos, tres pasos más, otra cosa sería… - dice para sí, mientras entrega un voucher.

Notas para mi yo de 16

Yo a los 16 algunos días sabía qué quería ser de grande, aunque cambiaba cada 56 días de profesión. Sé que hay cosas que a ese yo de 16 le cagarían de como soy hoy, pero francamente creo que no es personal, a mí también me cagan una lista no muy corta de mi yo de 16. Pero más que entrar en tensión con ese yo, creí menos pendejo hacerle una lista a 10 años de distancia, porque hay algunas cosas que podría mejorar o seguir haciendo antes de pensar que la gente no cambia (porque aunque a uno no le guste el cómo, la gente cambia).

  1. Nadie te va a decir que hacer, pero no eches en bolsita de papas las cosas que otros te dicen que harían. Te va a faltar siempre experiencia para hacer una decisión importante y a veces los otros, por poco amigables que sean, pueden tener más razón que tu novela favorita.
  2. Emborráchate menos con tristeza y más con los amigos. Te cuesta casi lo mismo y es mejor un recuerdo de una madrugada de risas que de una noche de llanto. Es francamente penoso. Así que no gastes en alcohol si no es para celebrar, aunque sea una despedida.
  3. Habla poco y escucha mucho. No hables, por cogerte una chava, de futuros que no puedes comprar. No hables de lo mucho que te cagan los tipos del C, hay más amigos entre los de playera de polo que entre tus amigos por compromiso.
  4. Corre de vez en cuando, lo de menos es si te pones buenote pero al menos no querrás quedarte sin poder jugar la cascarita por  más de diez minutos. En realidad importa poco quererte poner buenote, porque te prometen más de lo que realmente vas a bajar.
  5. Ve porno. No a diario pero ve porno. No tiene nada de malo si te imaginas a tú compañerita, que más daño le hizo su novio cuando se fue con su amiga. Ella no era tan tonta y la gente cambia cuando pasan los años. Así también cambia el porno y verás que los formatos cambiaron con cierta nostalgia.
  6. Escríbele más cartas, más poemas a la niña darketa, a la punk, a la fresa, también a la ñoña y en una de esas, por qué no, a la maestra. Ellas en una de esas se enteran, en una de esas una que otra se medio ofende y hasta la madre te mienta. Pero ellas no sabrán que gracias a ellas tu cabeza puede tomarse el lujo de ver el mundo de otros puntos, otro lugares, otras emociones y otros ojos.
  7. Escucha lo que digan tus compañeros idiotas de grupo, aunque te aguantes las ganas de escupirles. Escucha a tus papás, aunque no les hagas caso. Escucha cuando caminas y cuando sólo parece que escuchas. Se aprende mucho escuchando cosas que no te interesan.
  8. Enamórate. No te vas a casar con ninguna de ellas antes de los 26, en realidad lo más seguro es que te cases hasta los 32, pero querrás casarte tres veces y cancelarás las invitaciones antes de pensar en vestido, futuros y frac. No importa, querrás casarte de nuevo, aunque sepas que es mal negocio. Vas a aprender qué te gusta y que la ñoña gorda que ni pelabas a tus 13 se convirtió en una guapa doctora en genética. Igual nunca se entendieron bien.
  9. Ve mucha televisión, no sólo va a dejar de usarse sino que la mala programación no es tan mala cuando te descubres viendo lo que terminan haciendo tiempo después. 
  10. Las pruebas vocacionales sirven para una cosa: para demostrarle a la mitad de tu grupo que son idiotas. Pero ellos van a saber qué estudiar y tú no. Así que decide qué estudiar con calma, de todos modos no vas a trabajar en nada que la universidad te enseñe, entonces ve a aprender en los salones lo que la realidad a veces quiere entender, que lo que leas en Kant algo te va a servir para vivir, aunque sea por convivir.
  11. Descubrieron después de los 16 que el cerebro no está dividido funcionalmente en dos, así que no hagas caso a esa mamada de que o eres creativo o te gustan las matemáticas. Igual aprende ambas cosas como puedas, a veces también la escuela te puede ayudar en esto. No te andes con rollos de “¿esto de qué me sirve?”. A veces su mejor uso sólo te lleva entre nuevas piernas.
  12. Escucha mucha música. Escucha de todo, quizá termines odiando el death metal (da dolor de cabeza) y pensando que gastaste en un mal CD (luego ni en CDs vas a gastar), pero por ahí encontrarás las canciones que dan sonido a tu vida y esas no se van aunque cambies de Walkman a iPod y luego a Spotify, y aunque Kodak quiebre, siempre darán imagen a todos los recuerdos, color pasado guardado en tracks.
  13. No te emborraches demasiado. La gente correcta para pasar esos momentos de risas y alegría con palabras honestas y borrachas no van a estar contigo en todas las botellas, así que escoge con quién compartir esas botellas cuando sean transparentes. A los otros no los quieres para que sean tu compañía de cruda, esa sería una cruda realidad.
  14. Trabaja sólo en lo que te guste, de todas formas vas a tardar mucho tiempo en hacer verdaderamente dinero. No es tan malo cuando no recuerdas ninguna chamba que al final hayas odiado, aunque haya habido días que no tendrías para comer.
  15. Enamórate más. Probablemente cambies de opinión después sobre las cosas que le dan sentido a la vida, pero de cualquier manera tener historias que contarle a tus amigos entre cervezas vale cada noche en el piso frío con el corazón más roto que la atmósfera. Nadie te va a doler tanto como perder una muela, te lo aseguro de veras.
  16. Ve al dentista. Revísate dos veces al año, mejor tres porque las quincenas a veces no ayudan después. Es en serio que ningún amor duele más que una muela.
  17. Guarda los anuarios. Muchas veces el chaparro gordito y el teto con el que competías por ver quién comía más salsa terminan siendo las personas más confiables cuando de pedir un favor se trata. Favores de verdad no son de dinero, sino aliento extra, soporte, guía, certeza y a veces dinero.
  18. No te preocupes, la esperanza no se muere con los años, engorda. Siempre hay maneras de que el futuro suceda como par de dados aunque a veces pienses que el futuro no tiene nada con qué sorprenderte.

Murmullos

La voz constante en el espejo
dice palabras de consuelo,
ninguna cumple objetivo,
mas la voz lo sigue repitiendo.

Conocida es ella, cercana desde
atrás, antes de la misma duda.

Después de ruido débil, la voz calla
en estruendo de reflexión plateada,
en trozos cayendo invitando a ser usados.

Murmura la voz en distintas perspectivas,
apunta a mi ser con alevosía
sin considerar su falsedades.

Proclama un mensaje de pasividad
roto como sí misma, pretende
oyente frontal, siendo la misma
que grita.

Es más débil cada vez, después
de pisotones y saltos.

Algún trozo queda invitando
su rose a la piel, la verdad -dice ahora-
está dentro del ser carnal,
no en sus sueños lunares.

Así a la piel deja un contorno
colorado, más adentro un continuo
llevar de vida al suelo.

La voz calla en otro estruendo,
la mano del acto no puede continuar
las obras de ella, se va la voz
entre el suelo próximo y el blanco.

Callado entonces, la tranquilidad regresa.

El despertar #grabado #puebla

El despertar #grabado #puebla

Tags: puebla grabado

Algo que decir

Algo que decir a quien,
(sin decir más que lo suficiente)
dice a mis sentidos
todo lo bueno que existe
en el silencio y la paz
en la guerra de los vientos
en la tranquilidad de su vientre
y en el río de sus besos

Algo nuevo desde siempre
cercano a ratos al sueño mío
pasos de blandura blanca
de besos esperanza
y mansa paz entre mis brazos.

No se dice poco en el silencio
de los besos revestidos
en sincero desenfreno
entre muslos y caderas
y banderas de más gloria.

Yo me hago el silencio de esos muslos
en desvelo entre piernas
que cada noche sobre siestas
toca poco a poco el sueño tibio.

Algo que decir no es mucho
si se dicen los aromas,
si se palpan los deseos
y quiebras libre mi cordura.

México nuestro #grabado

México nuestro #grabado

Tags: grabado

Sé por cien motivos

Me sobran las razones,
las palabras encajonadas
enrolladas en coherencia salada,
los hilos de copas habitadas
tardíamente por el vino y la razón,
para saber que un segundo es la diferencia
entre tenerte y no ser tuyo.

Me sobran las canciones de divorcio
entre la inocencia y el recelo,
los besos con pan de caja,
tus tacones de distancias vecinas
la mirada perdida en el final de la cena,
para abrir la puerta al adiós del retorno.

Sé por cien motivos diferentes
que tus labios hablan más
de camas vagabundas
que de buenas tardes en la mesa,
de extrañas sobremesas
que “aquí está su propina.”

Me sobran las calles de melancolía
cuando no estás para empujarme
al tránsito vehicular,
recomponerme la esperanza
con un beso tinto
y fumarme la tristeza mentol.

Me sobra tu ausencia de tiempo completo,
tu partida con retornos compartidos
y los boletos de Metro con dirección
incierta a tu cocina
para saber a ciencia cierta que tenerte
es un cuento de tinta china
y estar contigo es firmar el compromiso
para que en el día donde pongas la mirada
huyas por la ventana
dejándome el sabor de tus besos
en la alacena
y una carta sin escribir
junto al estado de cuenta bancaria.